Cilindro de Ciro
Cilindro de Ciro
El Cilindro de Ciro es uno de los hallazgos arqueológicos más significativos del mundo antiguo y posee un especial interés para el estudio histórico del Antiguo Testamento. Se trata de un cilindro de arcilla cocida, escrito en acadio con caracteres cuneiformes, datado alrededor del año 539 a. C., tras la conquista de Babilonia por Ciro II el Grande, fundador del Imperio persa. Fue descubierto en 1879 por Hormuzd Rassam durante excavaciones en las ruinas de la antigua Babilonia y actualmente se conserva en el Museo Británico.
El texto del cilindro describe la entrada pacífica de Ciro en Babilonia y presenta al rey persa como un gobernante elegido por el dios Marduk para restaurar el orden, la justicia y el culto religioso. En este contexto, Ciro proclama una política de tolerancia religiosa y administrativa, afirmando que devolvió a sus lugares de origen a diversos pueblos deportados por los babilonios y permitió la restauración de sus santuarios. Esta política imperial coincide notablemente con lo narrado en el Antiguo Testamento acerca del fin del exilio babilónico.
En los libros de Esdras 1:1–4, Esdras 6:3–5 y 2 Crónicas 36:22–23, se afirma que Ciro emitió un decreto que autorizó a los judíos a regresar a Jerusalén y a reconstruir el templo del Señor. Aunque el Cilindro de Ciro no menciona explícitamente a Judá ni a Jerusalén, su contenido confirma el marco histórico y la política general que hacen plenamente verosímil el decreto bíblico. La Biblia, además, presenta a Ciro como un instrumento elegido por Dios para cumplir sus propósitos, llegando incluso a llamarlo “su ungido” en Isaías 45:1, un pasaje escrito décadas antes de la caída de Babilonia según la tradición bíblica.
Desde el punto de vista arqueológico, el Cilindro de Ciro es una fuente independiente que confirma la transición del poder babilónico al persa y el cambio de política respecto a los pueblos conquistados. A diferencia de los imperios anteriores, que practicaban deportaciones masivas, el gobierno persa favoreció la repatriación y la restauración de cultos locales, un contexto que explica históricamente el retorno del pueblo judío del exilio.
Para la fe cristiana, este hallazgo tiene un valor especial porque muestra cómo los acontecimientos políticos del mundo antiguo encajan con el relato bíblico y con la soberanía de Dios sobre la historia. El Cilindro de Ciro no prueba la teología bíblica, pero sí aporta una confirmación histórica sólida del escenario en el que se desarrollan los últimos libros del Antiguo Testamento. De este modo, se presenta como un testimonio arqueológico de gran relevancia que refuerza la credibilidad histórica del relato bíblico y su inserción en la historia universal.
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