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Indíce


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INTRODUCCIÓN A GÉNESIS

Nombre y propósito

Autor y contexto

Estructura

Génesis y la ciencia

Génesis y la historia

Génesis y la teología

Génesis y el Nuevo Testamento


BOSQUEJO DE GÉNESIS


ESQUEMA CRONOLÓGICO


POSTURAS INICIALES DE LA CREACIÓN

1. La postura Day Age View (era geológica o tierra vieja)

2. La postura Framework (marco literario)

3. La postura de los días analógicos

4. La postura de los días de 24 horas (día literal)

Cosas en común entre las distintas teorías de la creación


ADÁN Y EVA. LA CREACIÓN Y APOCALIPSIS.




Introducción a Génesis


NOMBRE Y PROPÓSITO

El título Génesis significa “principio” y proviene de la Septuaginta, la traducción griega precristiana del Antiguo Testamento. Este nombre describe acertadamente un libro que presenta la creación del mundo y de la humanidad (caps. 1–2), continúa con el origen del pecado (cap. 3), la nueva creación tras el diluvio (cap. 9), y el plan de Dios para bendecir a todas las naciones (12:1–3), cuyo desarrollo comienza con la familia de Abraham (caps. 12–50). El título judío del libro, Bereshit, procede de la primera palabra del texto hebreo —“En el principio”— y también subraya que el Génesis trata fundamentalmente sobre los orígenes.


Génesis es el primero de los cinco libros del Pentateuco. A diferencia de los demás libros de la Torá, la mayor parte de su contenido es narrativo y solo incluye unos pocos mandamientos de carácter legal. Su propósito es relatar los orígenes del mundo, de la humanidad y del pecado, así como trazar una línea a lo largo de la historia que destaque la obra de Dios en Abraham y su familia. De este modo, el libro proporciona el contexto necesario para comprender el origen de la elección divina de Israel como pueblo de Dios y su presencia en Egipto al comienzo del libro de Éxodo. Además, presenta a Dios como Creador, Juez y Redentor, expone el origen del pecado y anticipa la acción divina destinada a restaurar la relación rota entre Dios y el pueblo que creó y amó.



AUTOR Y CONTEXTO

Éxodo 17:14 y Deuteronomio 31:9-24 atestiguan que Moisés fue autor de una parte significativa de los primeros cinco libros de la Escritura. Hasta la aparición de la crítica bíblica moderna, se asumía sin dificultad que Moisés también había escrito Génesis. Sin embargo, los estudios críticos comenzaron a cuestionar esta idea, proponiendo que el libro fue compuesto a partir de diversas fuentes en diferentes épocas, muchas de ellas siglos después de Moisés. Aun así, al comparar los relatos de Génesis con textos del antiguo Cercano Oriente, se observa que su contenido encaja mejor con el período anterior a Moisés, aproximadamente entre 2200 y 1500 a.C., en lugar de con épocas posteriores.


El relato de la creación en Génesis se ha comparado con el Enuma Elish babilónico, descubierto en una biblioteca asiria del siglo VII a.C. Sin embargo, un paralelo mucho más cercano se encuentra en la epopeya de Atrahasis, del siglo XVIII a.C., que narra la creación de la humanidad, un diluvio, un arca y la preservación de una familia junto con los animales.


Numerosos textos antiguos relatan un diluvio universal. El más conocido es la Epopeya de Gilgamesh, cuya versión más antigua también data del siglo XVIII a.C. Esta obra comparte varios elementos con Génesis 6–9: la decisión divina de salvar a una familia, la construcción de un barco, la entrada de animales y un diluvio que destruye todo lo que queda afuera. Sin embargo, estas similitudes no disminuyen el mensaje único de Génesis: Dios juzga la maldad humana mediante el diluvio y salva al justo Noé para establecer un pacto con él (8:20–9:17).


Los nombres personales en Génesis también apuntan a una fecha temprana. En los capítulos 1–11 aparecen nombres como Metusael, Matusalén, Jabal, Jubal y Tubal-caín, que se documentan únicamente en los primeros siglos del segundo milenio a.C. En los capítulos 12–50, nombres como Isaac, Ismael, Jacob y José eran comunes al inicio del segundo milenio, pero escasos hacia su final y prácticamente inexistentes en el primer milenio. ¿Cómo habría sabido un autor posterior que debía utilizar exactamente nombres auténticos de un período tan remoto?


Génesis 14 describe una campaña militar internacional típica del mismo período. Los invasores mencionados —Amrafel (babilonio), Arioc (hurrita) y Tidal (hitita)— solo aparecen en textos del segundo milenio a.C. Además, entre 2000 y 1500 a.C. fue la única época en que los ejércitos podían desplazarse libremente por la región descrita, y también coincide con el único período en que los elamitas son mencionados tan al occidente como en este capítulo.


Las costumbres reflejadas en Génesis también corresponden al inicio del segundo milenio a.C. Entre ellas se incluyen el uso de una madre sustituta en casos de infertilidad (16:1–4) y el pago de dotes y regalos como parte de los arreglos matrimoniales (34:12). Asimismo, la ciudad de Harrán, relevante en la historia de Abraham, aparece en textos contemporáneos como una ciudad próspera bajo el dominio de coaliciones amorreas.


Otros detalles narrativos de Génesis reflejan prácticas que se documentan únicamente en épocas tempranas. Por ejemplo, en Génesis 37:12–17, los hermanos de José pastorean rebaños a unos 96 km de Hebrón, una distancia que solo se encuentra paralela en registros de pastores del norte de Siria durante el segundo milenio a.C. Además, el nombre Benjamín coincide con una confederación tribal siria del siglo XVIII a.C., los Binu-Yamina, y otros nombres, como Aser y Zabulón, también están documentados en ese mismo período.


Incluso el precio de 20 piezas de plata por un joven esclavo (Gn 37:28) coincide únicamente con los valores registrados a principios del segundo milenio a.C.


En conjunto, estas evidencias sugieren que los relatos conservados en Génesis se originaron a principios del segundo milenio a.C. ¿Cómo llegaron hasta la época de Moisés y posteriores generaciones? La Biblia no lo especifica, pero es posible que se transmitieran oralmente entre los descendientes de Abraham. Otra alternativa es que circularan por escrito, como lo indica una tablilla cuneiforme del segundo milenio encontrada en Hebrón —lugar donde residió Abraham— que evidencia la existencia de actividad literaria en esa época y región.


Estos hallazgos contradicen la postura de la crítica bíblica, que sitúa la composición de Génesis cerca de mil años después, en el siglo V a.C. Según algunos críticos, el libro sería en realidad una recopilación de relatos elaborados para explicar el origen de ciertas costumbres antiguas. Un ejemplo de esto es el tabú del tendón del muslo (Gn 32:25–32), que se interpretaría como una invención posterior destinada a justificar una práctica vigente en el siglo V. A este enfoque se le conoce comúnmente como “historia de la tradición”.


Otra aproximación crítica es la llamada crítica de fuentes, o Hipótesis documentaria, que plantea que el Pentateuco está compuesto por varias capas literarias, cada una con sus propias preocupaciones teológicas. Por ejemplo, se sugiere que los versículos 1:1–2:3 fueron redactados por sacerdotes del siglo V a.C., con un énfasis particular en la observancia del sábado, mientras que 2:4–25 habría sido escrito por un autor diferente, interesado en mostrar el plan de Dios a lo largo de la historia y, según algunos estudiosos, en legitimar la elección de David.


Sin embargo, estos argumentos no exigen necesariamente dos autores para Génesis 1–2. Más bien, reflejan dos énfasis complementarios:

• Los versículos 1:1–2:3 muestran a Dios como el soberano Creador del universo, destacando la importancia del descanso sabático, la autoridad conferida al ser humano sobre la creación y la abundancia de vida que Él ha dispuesto.


• Los versículos 2:4–25 se centran en la creación del ser humano, su hábitat, su compañera y su trabajo. En este pasaje, Dios se presenta tanto como un Creador trascendente, soberano sobre toda la creación, como un Señor cercano que sostiene y mantiene la armonía del mundo que ha formado.


En síntesis, la evidencia respalda la gran antigüedad de los relatos de Génesis. Aunque no contamos con un testimonio explícito que señale a un único autor, los indicios permiten inferir un trasfondo coherente con la época patriarcal, que a su vez sienta las bases narrativas de Éxodo. Génesis culmina con la muerte de José y la prosperidad de su familia en Egipto, y Éxodo 1:1–7 retoma esta escena para narrar la opresión del pueblo y el nacimiento de su libertador, Moisés.



ESTRUCTURA

El libro de Génesis puede dividirse de manera natural en dos grandes secciones: el mundo antes de Abram (capítulos 1-11) y la historia de Abraham y sus descendientes (capítulos 12-50). Las genealogías funcionan como divisores internos, marcando el inicio de distintas subsecciones con la fórmula “Esta es la historia de…”, como en: “los cielos y la tierra” (2:4), “los descendientes de Adán” (5:1), “Noé” (6:9), “Sem, Cam y Jafet, hijos de Noé” (10:1), “Sem” (11:10), “Téraj” (11:27), “la descendencia de Ismael, hijo de Abraham” (25:12), “Isaac, hijo de Abraham” (25:19), “los descendientes de Esaú” (36:1, 9) y “Jacob y su familia” (37:2).


Estas genealogías tienden a organizarse en pares: por ejemplo, los tres hijos de Noé y la familia de Sem (capítulos 10-11), Ismael e Isaac (cap. 25) y Esaú y Jacob (cap. 36-37). En cada par, el primer personaje suele presentarse a través de los nombres de sus descendientes, mientras que el segundo recibe un tratamiento más extenso, con narraciones centradas en la figura principal mediante la cual Dios cumplirá sus promesas.


Este patrón se refleja también en las dos grandes divisiones del libro: la primera parte (1-11) aborda la historia de la humanidad en general, concluyendo con el fracaso en la torre de Babel y la decisión de Dios de enfocarse en un descendiente específico de Sem y su linaje. La segunda parte (12-50) desarrolla la historia de Abraham y su familia, iniciando a partir del capítulo 11 y mostrando cómo Dios obra para cumplir sus promesas a través de su descendencia.


Estas dos secciones principales reflejan los temas teológicos fundamentales del libro:


1. Dios elige reiteradamente enfocar su atención en un solo individuo o familia, obrando a través de ellos para cumplir su propósito. Se muestra así como un Dios personal, que establece una relación cercana e íntima con su pueblo.


2. El mismo Dios se muestra soberano a lo largo de cada generación y sobre todas las familias de la tierra. Esto se evidencia desde el capítulo 10, que registra a todos los habitantes del mundo conocido, trazando sus orígenes hasta Noé y sus hijos. De este modo, queda claro que todos han sido creados a imagen de Dios (9:6).


3. El Dios que, en el capítulo 1, creó el mundo con su palabra es el mismo que salva a Noé en los capítulos 6-9. Es el mismo Dios que llama a Abram a dejar su tierra y le promete bendición (12:1-3), y el mismo que provee para Isaac y sostiene a la familia de Abraham a través de Jacob/Israel y sus doce hijos en Egipto. Este Dios permanece vivo y activo en cada generación, desde los inicios de la creación hasta hoy.



GÉNESIS Y LA CIENCIA

El lector contemporáneo de Génesis debe esforzarse por leer el texto tal como fue concebido para su audiencia original, evitando imponerle preguntas, categorías o suposiciones propias del mundo moderno. Esto exige atención al propósito con el que Moisés escribió y sensibilidad hacia las señales literarias y teológicas que el autor dejó intencionalmente en el texto. Leer Génesis de esta manera es posible, pero requiere estudio serio y la guía del Espíritu de Dios.


La cuestión de la edad de la tierra, por ejemplo, no se resuelve de forma automática apelando simplemente a los “siete días” de la creación. En Génesis 2:4 leemos: “el día en que el Señor Dios hizo la tierra y los cielos”, una expresión que muestra que el término “día” puede emplearse con distintos matices. Esto no excluye necesariamente la posibilidad de días literales de veinticuatro horas, pero indica que la secuencia de días cumple también una función teológica. El relato avanza deliberadamente hacia el séptimo día, el día del descanso sabático, uno de los énfasis centrales del texto. El descanso no es un añadido posterior, sino que está incorporado en la estructura misma de la creación y apunta a la meta del plan divino desde el principio.


Otra razón para el uso de los siete días puede encontrarse en la expresión “esta es la historia de…” (2:4). Aunque este encabezado suele introducir genealogías, también aparece en relatos extensos sobre individuos y sus familias, como ocurre en la historia de Jacob (37:2). En Génesis 2:4, sin embargo, no se trata de una familia humana, sino de “los cielos y la tierra”. En un contexto estrictamente monoteísta, el autor no podía recurrir a mitos en los que los astros engendran la tierra sin provocar confusión teológica. En su lugar, la secuencia de días puede funcionar como un paralelismo con las generaciones humanas posteriores: cada día prepara el camino para el siguiente, del mismo modo que cada generación da paso a la siguiente. Así, el énfasis recae menos en una cronología detallada y más en el orden lógico y progresivo de la obra creadora de Dios.


Otro elemento importante es la expresión “según su especie”, aplicada a plantas (1:11–12), animales marinos (1:21), criaturas terrestres (1:24–25) y aves (7:14). Con frecuencia se interpreta como una descripción rígida del modo de reproducción, sin margen para el desarrollo o la diversidad. Sin embargo, en Ezequiel 47:10 la misma expresión se utiliza para describir peces “muy numerosos y de muchas clases”. En Génesis, por tanto, el énfasis parece recaer más en la abundancia y variedad dentro de cada tipo de vida que en una limitación estricta e inmutable.


Los capítulos 2–4 presentan a Adán y Eva como la primera pareja humana. Aunque algunos sostienen que estas figuras representan una narración simbólica sin conexión histórica real, esta interpretación no concuerda con la forma en que el texto hebreo está construido. Su sintaxis es similar a la de libros claramente históricos como 2 Reyes, Esdras o Nehemías, cuyos autores pretendían que sus relatos fueran entendidos como historia real. Lo mismo puede afirmarse del relato de Génesis 3. De hecho, la manera en que los libros bíblicos posteriores aluden a estos eventos confirma que Génesis fue recibido como un testimonio histórico de los orígenes de la humanidad.



GÉNESIS Y LA HISTORIA

El periodismo moderno exige el respaldo de fuentes independientes para confirmar la fiabilidad histórica de una noticia. El relato de Génesis, en particular en sus primeros capítulos, no suele contar con múltiples testigos externos que corroboren directamente los acontecimientos narrados. Sin embargo, la evidencia disponible indica que los personajes y sucesos descritos en Génesis 12–50 encajan con notable precisión en el contexto cultural e histórico de comienzos del segundo milenio a.C., y no en el de una época posterior. Si esta sección del libro ha demostrado su autenticidad y antigüedad en aquellos aspectos susceptibles de verificación, surge entonces la pregunta: ¿qué podemos decir del mundo descrito en Génesis anterior a Abram?


Como ya se ha señalado, varios de los nombres que aparecen en las genealogías más antiguas de Génesis también se encuentran en las fuentes más tempranas de los pueblos semitas occidentales, a los cuales pertenecieron Abram y su familia. A esto se suma el testimonio ampliamente difundido de un diluvio enviado por la divinidad y de alcance universal, conservado en algunos de los textos más antiguos del Cercano Oriente, como el poema babilónico de Atrahasis, datado en el siglo XVIII a.C. La coincidencia detallada entre estos relatos —incluidas versiones posteriores en la Epopeya de Gilgamesh— sugiere que no se trata de tradiciones completamente independientes, sino de narraciones que probablemente proceden de una memoria común de un acontecimiento ancestral.


Un ejemplo adicional se encuentra en la Lista Real Sumeria, compilada alrededor del año 2000 a.C., que presenta dos rasgos significativos compartidos con Génesis 1–11. En primer lugar, menciona un diluvio que destruyó las antiguas ciudades, las cuales posteriormente fueron reconstruidas por los supervivientes (cf. Gn 4:17). En segundo lugar, describe a los reyes anteriores al diluvio como gobernantes con reinados extraordinariamente largos, a menudo de más de diez mil años, lo que podría reflejar, de manera idealizada, el recuerdo de la longevidad atribuida en Génesis 5 a los descendientes de Set, quienes vivieron varios siglos.


Estos paralelos refuerzan el valor histórico de los primeros capítulos de Génesis, los cuales dan testimonio de la presencia continua y la acción soberana de Dios en la historia humana, particularmente a través del linaje de la promesa, identificado en la descendencia de Set y de Sem. No obstante, esto no implica que sea posible determinar con exactitud las fechas específicas de estos acontecimientos. Al igual que otros relatos históricos, la Biblia selecciona personas y sucesos que sirven a su propósito teológico: narrar el avance del reino de Dios y su obra redentora en el mundo. Lo hace con fidelidad, pero sin pretender ofrecer un registro exhaustivo.


Así, cuando Génesis 10:24 afirma que “Arfaxad fue padre de Selaj”, la expresión puede indicar no solo una relación directa de paternidad, sino también una relación ancestral más amplia. Esto queda confirmado por Lucas 3:35–36, donde se introduce el nombre de Cainán entre ambos personajes dentro de la genealogía.



GÉNESIS Y LA TEOLOGÍA

Dios

Aunque los grandes temas de la creación, el pecado, el juicio y la salvación atraviesan todo el libro de Génesis, es en sus primeros capítulos donde se presentan con mayor concentración e intensidad que en cualquier otro lugar de la Escritura. Dios afirma su soberanía absoluta al crear el mundo por medio de su palabra, y al declarar cada etapa de su obra como “buena”, es decir, plenamente conforme a su voluntad. La expresión “muy bueno” (1:31) marca la culminación de la creación, acompañada de la bendición divina y de la consagración del séptimo día como día de descanso (2:1–3).


El final del capítulo 2 describe el diseño original de Dios como un estado de perfecta armonía entre Él, la creación y la primera pareja humana. Sin embargo, con la entrada del pecado —que la santidad de Dios no puede tolerar— esta armonía se rompe. Como consecuencia, Adán y Eva son expulsados de la presencia inmediata de Dios y del jardín del Edén (3:23–24). Aun así, el juicio divino va acompañado de gracia: Dios provee un medio para que la relación continúe y anuncia la esperanza de un futuro en el que la serpiente será finalmente derrotada (3:15).


A medida que la violencia y la corrupción se multiplican sobre la tierra, Dios interviene con el juicio del diluvio (caps. 6–9). Más adelante, cuando la humanidad intenta avanzar unida pero al margen de Dios, Él confunde su lenguaje y la dispersa por toda la tierra (11:1–9), reafirmando así su autoridad soberana sobre la historia humana.


Fe

Dios llama a Abram para que abandone su tierra y su familia y emprenda un camino hacia el lugar que Él mismo le revelará. Junto con este llamado, el Señor le hace promesas fundamentales: le dará una tierra, una descendencia y una bendición que alcanzará a todas las naciones (12:1–3; 13:14–17). Abram y sus descendientes serán el medio por el cual Dios traerá bendición al mundo entero.


A medida que Abraham responde con fe, Dios actúa poderosamente en su vida, ampliando y confirmando sus promesas. No solo le asegura una descendencia numerosa (cap. 15), sino que interviene de manera milagrosa para que Abraham y Sara tengan un hijo cuando ya habían superado la edad natural para concebir (21:1–5). Más adelante, la fe de Abraham es llevada a su máxima expresión cuando Dios le pide que ofrezca a Isaac en sacrificio (cap. 22). Abraham obedece sin vacilar, dispuesto a entregar lo más valioso que posee. En el momento decisivo, el ángel del Señor detiene su mano, confirmando que Abraham ha demostrado una confianza total en Dios.


Como resultado de esta obediencia radical, Dios amplía su promesa, asegurando que la descendencia de Abraham no solo será numerosa, sino que también poseerá las ciudades de sus enemigos (22:17). Abraham ha aprendido a confiar plenamente en el carácter de Dios, convencido de que el Señor es justo en todo lo que hace (18:25).


Gracia

Isaac también recibe de Dios la confirmación de las promesas hechas a Abraham (26:3, 24). En el ejercicio de su soberanía, Dios concede la primogenitura al segundo hijo de Isaac, Jacob, contrariando las costumbres establecidas. Aunque Esaú era el primogénito, el favor divino recae sobre Jacob (25:21–34; 27:1–30). A él Dios decide transmitirle las promesas dadas a su padre y a su abuelo, asegurándole su presencia, protección y bendición (28:13–15).


La estancia de Jacob con su tío Labán está marcada por una sucesión de engaños, mediante los cuales Labán intenta enriquecerse a costa de su sobrino (caps. 29–30). Sin embargo, Dios bendice cada etapa del camino de Jacob, permitiéndole prosperar con abundantes bienes y una numerosa familia. Además, lo protege tanto de la hostilidad de Labán como del temor que le provoca el reencuentro con su hermano Esaú. La confirmación definitiva de la bendición llega cuando Dios cambia su nombre por Israel, señal de una identidad renovada y de su lugar en el plan divino (32:28). No obstante, en sus últimos años, Jacob experimenta el dolor de ser engañado por sus propios hijos, quienes venden a su hermano José como esclavo y hacen creer a su padre que ha muerto devorado por una fiera (cap. 37).


Mientras que Dios se había manifestado a Abraham e Isaac mediante apariciones directas, y a Jacob principalmente por medio de sueños, con José su obra se desarrolla de manera discreta, entre bastidores. Aunque Dios le concede a José, uno de los hijos menores de Jacob, la capacidad de interpretar sueños, no le concede revelaciones directas. Aun así, José permanece fiel en toda circunstancia: resiste la tentación en la casa de Potifar y sirve con integridad incluso en la prisión. El Señor recompensa su fidelidad permitiéndole interpretar los sueños del faraón, quien lo eleva al segundo cargo más alto de Egipto (cap. 41).


Desde esa posición, José administra sabiamente los años de abundancia, almacenando grano para enfrentar la hambruna venidera. Cuando llega la escasez, no solo salva a su propia familia, sino que provee alimento a Egipto y a toda la región de Canaán (47:13–26). De este modo, Dios preserva la vida tanto de los egipcios, que más tarde esclavizarán a Israel, como de los cananeos, que se convertirán en una amenaza espiritual para el pueblo de Dios. José reconoce claramente la mano providencial de Dios en su historia: aunque sus hermanos intentaron hacerle mal, Dios transformó ese mal en bien para salvar la vida de muchos (50:19–20). Así, la promesa hecha a Abraham de bendecir a todas las naciones por medio de su descendencia (12:2–3) se encarna de manera especial en la vida de José, más claramente que en la de cualquiera de sus antecesores.


La humanidad

Tres grandes temas teológicos atraviesan la vida de los principales personajes de Génesis: la imagen de Dios, la expansión del pecado y el pacto. Los tres están estrechamente relacionados con la doctrina bíblica de la humanidad.


Dios crea a los seres humanos a su imagen y semejanza (1:26–28). Aunque les ordena multiplicarse, como a las plantas y a los animales, les asigna un rol singular dentro de la creación. Como portadores de su imagen, los seres humanos son llamados a ejercer liderazgo y mayordomía sobre el mundo creado. Por eso, Dios coloca al hombre en el jardín del Edén para que lo cultive y lo guarde, es decir, para que haga florecer su potencial de vida (2:15). Esta dignidad no es anulada por el pecado: Dios reafirma la realidad de su imagen en la humanidad después de la caída y aun después del diluvio (5:1; 9:6), convirtiéndola en el fundamento de la prohibición de la violencia y del asesinato (9:6).


A medida que la sociedad humana se desarrolla, Dios llama a Abram y a sus descendientes para que reflejen su imagen entre las naciones y se conviertan en instrumentos de bendición. Así, Abraham entrega el diezmo a Melquisedec, rey de Salem (14:20), e intercede por Sodoma y Gomorra (18:20–33). Jacob prospera a Labán mientras trabaja para él (30:27, 30; 31:38–41). José, por su parte, bendice a Potifar y a los responsables de la cárcel gracias a sus capacidades administrativas (39:2–5, 22–23). Más adelante, Dios lo capacita para almacenar grano durante los años de abundancia y distribuirlo durante la hambruna (41:48–49, 56–57). Por medio de José, Dios preserva la vida de multitudes, incluyendo a su propia familia, a Egipto y a Canaán (47:13–27). José reconoce finalmente que Dios transformó el mal en bien para salvar la vida de muchos (50:20). De este modo, la bendición divina se manifiesta a través de quienes reflejan fielmente la imagen de Dios.


En contraste con la obra creadora y preservadora de Dios, la propagación del pecado se convierte en un tema dominante en Génesis. El pecado humano comienza en el jardín del Edén, cuando el hombre y la mujer eligen seguir sus propios deseos en lugar de la voluntad de Dios (3:1–7). Se intensifica con el asesinato de Abel a manos de Caín (4:1–8) y se agrava aún más cuando Lamec se jacta de matar por venganza (4:23–24). Finalmente, la maldad llega a tal extremo que todos los pensamientos del ser humano están corrompidos, con la excepción de Noé (6:5, 8), y la violencia llena la tierra (6:11).


El juicio del diluvio pone fin a esa generación, pero no erradica el pecado del corazón humano. Noé, el justo, se embriaga, y su hijo ve su desnudez (9:20–22). Los constructores de la torre de Babel buscan su propia gloria en lugar de la de Dios (11:1–8). Abram miente acerca de Sarai, provocando juicio sobre la casa del faraón (12:10–20). Lot elige la fértil pero perversa región cercana a Sodoma (13:10–13) y, como Noé, cae en la embriaguez y es seducido por sus hijas (19:30–38). Dios juzga a Sodoma, Gomorra y las ciudades vecinas cuando no se encuentran ni siquiera diez justos en ellas (18:20–19:29). A esto se suman los engaños entre Jacob y Labán (caps. 29–31) y la traición de los hermanos de José (37:12–28), que siguen evidenciando la profundidad del pecado humano.


Sin embargo, en medio del pecado y del juicio, la gracia y el amor redentor de Dios nunca dejan de actuar. Junto a algunas de las escenas más oscuras de Génesis aparecen también los dos grandes pactos que estructuran el libro. El término “pacto” (en hebreo בְּרִית, berít) describe una relación establecida por Dios con su pueblo. A través del pacto, Dios busca restaurar la relación amorosa que existía con Adán y Eva antes de que el pecado la quebrantara.


El término aparece por primera vez en Génesis 6:18, cuando Dios promete a Noé establecer un pacto que garantice la preservación de la vida. Este pacto se confirma con todos los seres vivientes en 9:9 y 9:11, junto con la promesa de que Dios nunca volverá a destruir el mundo entero mediante un diluvio. La señal visible de este pacto es el arco iris (9:13).


Más adelante, en Génesis 12:1–3, Dios inicia su pacto con Abram. Abram cree a Dios cuando le promete convertirlo en padre de una gran nación (15:6). Dios ratifica esta promesa de la forma más solemne posible (15:1–21), ordenando a Abram dividir los cuerpos de varios animales. Mientras Abram cae en un profundo sueño, Dios pasa simbólicamente entre los animales partidos, jurando por su propia vida que cumplirá sus promesas. La señal del pacto con Abraham es la circuncisión (17:11), vinculada directamente con la promesa de una descendencia numerosa y bendecida (17:1–8).



GÉNESIS Y EL NUEVO TESTAMENTO

Génesis establece los cimientos de la historia de la salvación. Por ello, no resulta sorprendente que este libro mantenga profundos y numerosos vínculos con el Nuevo Testamento. Entre ellos, destacan especialmente cuatro conexiones fundamentales.


En primer lugar, el apóstol Pablo retoma de manera reiterada el tema del pecado y del juicio introducidos en Génesis 3 y los aplica directamente a la obra redentora de Jesucristo. Esto se aprecia con especial claridad en Romanos 5:12–21, donde el pecado y la muerte que entraron al mundo por la transgresión de un solo hombre, Adán, se contrastan con la justificación, la justicia y la vida que vienen por medio de un solo hombre, Jesucristo, mediante su sacrificio en la cruz. Cristo es presentado como el segundo Adán, quien triunfa allí donde el primer Adán fracasó.


En segundo lugar, Génesis 14:18–20 introduce brevemente a Melquisedec, rey y sacerdote de Salem, quien bendice a Abram en nombre del Dios Altísimo y recibe de él el diezmo del botín de guerra. Este episodio se convierte en el trasfondo del Salmo 110, donde el rey mesiánico es declarado sacerdote “según el orden de Melquisedec” (Sal 110:4). El Nuevo Testamento, particularmente la carta a los Hebreos, retoma esta figura en repetidas ocasiones para vincular el ministerio sacerdotal de Jesús con dicho orden (He 5:6, 10; 6:20; 7:1, 10–11, 15, 17). Puesto que Abram dio el diezmo a Melquisedec, también lo hicieron en él todos sus descendientes, incluyendo a Aarón y a la línea sacerdotal levítica. De este modo, el sacerdocio de Melquisedec es presentado como superior al de Aarón, y Jesucristo, el rey mesiánico, pertenece a ese sacerdocio mayor, que supera en dignidad e importancia al sistema levítico.


Una tercera conexión significativa se encuentra entre Génesis y el libro de Apocalipsis. El primer libro de la Biblia describe cómo la serpiente engaña a la mujer y anuncia la lucha entre la serpiente y la simiente de la mujer (Gn 3:1–15). El último libro de la Escritura, por su parte, presenta a la serpiente intentando destruir a la mujer y a su hijo (Ap 12:1–17), hasta que finalmente es derrotada. Apocalipsis identifica explícitamente a esta serpiente como Satanás (Ap 20:2). Además, el Edén original estaba marcado por la abundancia de agua y la presencia del árbol de la vida (Gn 2:10–14; 3:22). De manera paralela, el nuevo Edén —la nueva Jerusalén— contará con el río del agua de vida y el árbol de la vida que crece a ambos lados del río, cuyas hojas sanarán a las naciones (Ap 22:1–3). La maldición impuesta sobre la tierra en Génesis 3:17 desaparecerá por completo (Ap 22:3), y la abundancia del Edén será restaurada de forma definitiva.


La cuarta y última conexión destacada aparece en Juan 1:1–4, donde el evangelista reproduce de manera intencional el lenguaje de los versículos iniciales de Génesis. Allí se presenta a la Palabra, es decir, a Cristo, como aquel que estaba presente desde el principio y participó activamente en la creación del mundo. Este paralelismo con Génesis 1:1 identifica claramente a Jesucristo con Dios mismo y con el Creador de todas las cosas. Asimismo, la luz que está en Cristo (Jn 1:4–5) refleja la creación de la luz en Génesis 1:3. Finalmente, el Evangelio de Juan enfatiza el tema de la vida, retomando uno de los grandes énfasis de Génesis 1: la creación divina de vida abundante y la bendición que Dios derrama sobre ella.




Bosquejo de Génesis


I. La historia primigenia

1. En el principio (1:1-2:3)

2. Adán y Eva (2:4-25)

3. La caída (3:1-24)

4. Caín y Abel (4:1-26)

5. Desde Adán hasta Noé (5:1-32)

6. Maldad en el mundo (6:1-8)

7. Noé y el diluvio (6:9-8:22)

8. El pacto de Dios con Noé (9:1-17)

9. Los hijos de Noé (9:18-29)

10. El cuadro de las naciones (10:1-32)

11. La torre de Babel (11:1-9)

12. Desde Sem hasta Abram (11:10-26)


II. La familia de Abraham (11:27-25:18)

1. La familia de Abram (11:27-32)

2. El llamamiento de Abram (12:1-9)

3. Abram en Egipto (12:10-20)

4. Abram y Lot se separan (13:1-18)

5. Abram rescata a Lot (14:1-24)

6. El pacto del Señor con Abram (15:1-21)

7. Agar e Ismael (16:1-16)

8. El pacto de la circuncisión (17:1-27)

9. Los tres visitantes (18:1-15)

10. Abraham intercede en favor de Sodoma (18:16-33)

11. Sodoma y Gomorra son destruidos (19:1-29)

12. Lot y sus hijas (19:30-38)

13. Abraham y Abimélec (20:1-18)

14. El nacimiento de Isaac (21:1-7)

15. Expulsión de Agar e Ismael (21:8-21)

16. El pacto en Berseba (21:22-34)

17. Abraham es probado (22:1-19)

18. Los hijos de Najor (22:20-24)

19. La muerte de Sara (23:1-20)

20. Isaac y Rebeca (24:1-67)

21. La muerte de Abraham (25:1-11)

22. Los hijos de Ismael (25:12-18)


III. La familia de Isaac (25:19-36:43)

1. Jacob y Esaú (25:19-34)

2. Isaac y Abimélec (26:1-33)

3. Jacob toma la bendición de Esaú (26:34-28:9)

4. El sueño de Jacob en Betel (28:10-22)

5. Jacob llega a Padán Aram (29:1-14)

6. Jacob se casa con Lea y Raquel (29:15-30)

7. Los hijos de Jacob (29:31-30:24)

8. Los rebaños de Jacob aumentan (30:25-43)

9. Jacob huye de Labán (31:1-21)

10. Labán persigue a Jacob (31:22-55)

11. Jacob se prepara para encontrarse con Esaú (32:1-21)

12. Jacob lucha con Dios (32:22-32)

13. Jacob se encuentra con Esaú (33:1-20)

14. Dina y los habitantes de Siquén (34:1-31)

15. Jacob regresa a Betel (35:1-15)

16. La muerte de Raquel y de Isaac (35:16-29)

17. Los descendientes de Esaú (36:1-30)

18. Los reyes de Edom (36:31-43)


IV. La familia de Jacob (37:1-50:26)

1. Los sueños de José (37:1-11)

2. José es vendido por sus hermanos (37:12-36)

3. Judá y Tamar (38:1-30)

4. José y la esposa de Potifar (39:1-23)

5. El copero y el panadero (40:1-23)

6. Los sueños del faraón (41:1-40)

7. José al mando de Egipto (41:41-57)

8. Los hermanos de José van a Egipto (42:1-38)

9. El segundo viaje a Egipto (43:1-34)

10. Una copa de plata en una bolsa (44:1-34)

11. José se da a conocer (45:1-28)

12. Jacob se va a Egipto (46:1-47:12)

13. José y la hambruna (47:13-31)

14. Manasés y Efraín (48:1-22)

15. Jacob bendice a sus hijos (49:1-28)

16. La muerte de Jacob (49:29-50:14)

17. José reconforta a sus hermanos (50:15-21)

18. La muerte de José (50:22-26)




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Posturas iniciales de la creación


1. La postura Day-Age View (Era geológica o Tierra vieja)

La postura conocida como Day-Age View, también llamada teoría de la era geológica o tierra vieja, sostiene que los “días” de la creación descritos en Génesis no deben entenderse como días literales de 24 horas. En esta interpretación, la palabra hebrea “yom”, traducida comúnmente como “día”, representa largos períodos de tiempo, posiblemente miles o millones de años. De esta manera, los seis (o siete, incluyendo el descanso) días de la creación corresponderían a etapas extensas del desarrollo del universo y de la Tierra, similares a las eras geológicas identificadas por la ciencia.


Esta postura argumenta que el término “yom” en la Biblia no siempre se utiliza para referirse a un día literal, sino que con frecuencia señala un periodo prolongado, una temporada o una época. Por ello, los defensores de esta visión consideran legítimo interpretar los días de Génesis como lapsos largos y no como días solares.


La Biblia ofrece varios ejemplos donde “yom” se emplea con un significado no literal:

• Génesis 4:3 menciona “al cabo de cierto tiempo”, usando yom para indicar un periodo indefinido.

• Génesis 30:14 habla del tiempo de la siega del trigo, refiriéndose a una temporada agrícola, no a un solo día.

• Josué 24:7 describe un período prolongado durante el cual el pueblo de Israel estuvo en una situación específica, nuevamente utilizando yom para señalar una etapa extensa.

• Isaías 4:2 emplea la expresión “en aquel día”, que claramente apunta a una era futura y no a un día concreto de 24 horas.

• Salmos 90:4 refuerza esta idea al afirmar que para Dios “mil años son como un día”, subrayando que el tiempo divino no se mide de la misma manera que el tiempo humano.


A partir de estos ejemplos, el Day-Age View sostiene que no existe una contradicción entre el relato bíblico de la creación y la evidencia científica moderna, como la antigüedad de la Tierra y los procesos geológicos observables. Por el contrario, esta postura busca armonizar la revelación bíblica con los descubrimientos científicos, afirmando que ambos pueden coexistir sin conflicto cuando se entiende correctamente el lenguaje bíblico.


En resumen, la teoría del Day-Age View propone que los “días” de la creación representan eras largas establecidas por Dios, durante las cuales Él llevó a cabo su obra creadora de manera progresiva, manteniendo la autoridad de la Escritura y, al mismo tiempo, reconociendo la evidencia científica sobre la edad del universo.


Complicaciones:

• Muerte, generaciones de vida preceden a la vida humana, ley de la decadencia (extinción y desorden).

• Este punto de vista enseña varias cosas relacionadas a la muerte, pero la muerte vino con Adán. Si había eras geológicas anteriores a los días significaría que hubo muerte antes del pecado. Esto no tendría sentido.

• Esta teoría crearía contradicción entre Pablo (Romanos 8:19-21) y Génesis.

• En Génesis 2:4 dice “el día que Jehová” significa que finaliza, por lo que esta teoría se contradice así misma.



2. La postura Framework (Marco literario)

La teoría Framework, también conocida como la hipótesis del marco literario, sostiene que el relato de la creación en Génesis no debe interpretarse de manera estrictamente literal ni cronológica. Según esta postura, el texto de Génesis 1 es principalmente una obra literaria y teológica, cuidadosamente estructurada para comunicar verdades sobre Dios como Creador, más que para ofrecer una descripción científica o histórica detallada del orden temporal de la creación.


Desde esta perspectiva, los “días” de la creación funcionan como un recurso literario que organiza el relato de forma tópica o temática, y no necesariamente en una secuencia cronológica exacta. Es decir, el autor bíblico organiza los eventos por categorías y paralelismos, enfatizando el orden, el propósito y la soberanía de Dios, en lugar de presentar una línea de tiempo literal.


Los defensores de esta postura suelen señalar que Génesis presenta una estructura simétrica: los primeros días establecen los espacios (luz, cielo y mar, tierra), mientras que los días posteriores los llenan (lumbreras, aves y peces, animales y humanidad). Esta organización refuerza la idea de un marco literario intencional, más que un registro histórico secuencial.


Esta teoría se apoya, entre otros pasajes, en Génesis 2:5–6, donde se describe una situación de la creación que parece no seguir el mismo orden presentado en Génesis 1. Esto sugiere que el segundo capítulo no continúa una cronología estricta, sino que amplía y enfoca temáticamente aspectos específicos de la creación, especialmente la formación del ser humano y su relación con Dios y la tierra.


Complicaciones:

• Génesis como poesía: Algunos críticos argumentan que esta teoría tiende a tratar Génesis 1 como un texto poético. Sin embargo, aunque el pasaje tiene un estilo elevado, repetitivo y cuidadosamente estructurado, no cumple plenamente con las características formales de la poesía hebrea clásica (como paralelismo poético marcado).

• La vav consecutiva: En hebreo, la presencia de la vav consecutiva (una construcción gramatical que conecta acciones en secuencia) suele indicar narración histórica y no poesía. Génesis 1 utiliza esta forma verbal de manera consistente, lo cual para muchos intérpretes sugiere que el texto pretende leerse como un relato narrativo, y no únicamente como una composición simbólica o artística.



3. La postura de los Días analógicos

La teoría de los Días analógicos sostiene que los días de la creación deben entenderse como “días de Dios” y no necesariamente como días humanos de 24 horas. Según esta postura, los días descritos en Génesis son análogos a los días humanos: guardan cierta relación o semejanza con ellos, pero no son idénticos en duración ni en naturaleza.


Desde esta perspectiva, los días de la creación reflejan el patrón de trabajo y descanso de Dios, el cual sirve como modelo para la vida humana, aunque no deba interpretarse de forma estrictamente literal. Un argumento central de esta postura es que el séptimo día de la creación no menciona la fórmula “tarde y mañana”, a diferencia de los seis días anteriores. Esto sugiere que el séptimo día no tuvo un cierre definido y, por lo tanto, podría representar un periodo distinto, posiblemente continuo, lo que refuerza la idea de que los días de la creación no son exactamente iguales a los días humanos.


Los defensores de esta teoría señalan que, si el séptimo día es diferente en naturaleza y duración, entonces también los demás días podrían ser días divinos, cuyo significado no se limita a un ciclo solar terrestre. En este sentido, los días de la creación son reales, pero deben entenderse dentro del marco de la experiencia y acción de Dios, no desde una medición humana del tiempo.


Complicaciones:

• Una de las principales dificultades de esta postura es que, si los días de Dios no son iguales a los días humanos, podría parecer que no existe una correspondencia clara entre Dios y el ser humano. Esto plantea la pregunta de cómo puede el patrón de seis días de trabajo y uno de descanso servir como base para la semana humana, si ambos tipos de días son completamente distintos.

• Los críticos argumentan que, si la analogía no es suficientemente clara, el modelo pierde fuerza, ya que la Biblia presenta el trabajo y el descanso humanos como una imitación del patrón divino. Por ello, el desafío principal de esta postura es explicar de qué manera los días de Dios pueden ser diferentes en duración, pero al mismo tiempo significativos y comprensibles para la experiencia humana.



4. La postura de los Días de 24 horas (día literal)

La teoría de los Días de 24 horas sostiene que el relato de la creación en Génesis debe entenderse como una narrativa histórica literal. Según esta postura, los días mencionados en Génesis corresponden a días normales, compuestos por un ciclo completo de tarde y mañana, tal como los experimenta el ser humano. La repetición constante de la expresión “y fue la tarde y la mañana” refuerza la idea de una secuencia temporal clara y definida, propia de un día literal.


Quienes defienden esta interpretación argumentan que la primera impresión natural del lector al acercarse al texto es que se trata de días comunes. Desde esta perspectiva, si el texto no ofrece señales claras de simbolismo o lenguaje figurado, lo más coherente es entenderlo de manera directa y literal. Es decir, si el lector intuitivamente comprende que se habla de días normales, entonces esa comprensión refleja la intención original del texto.


Además, se señala que la división del día en 24 horas ya era conocida en el mundo antiguo. Por ejemplo, los babilonios dividían el día en 24 partes desde tiempos de Abraham, lo que indica que el concepto de un día completo ya existía y era comprensible para los primeros lectores del relato bíblico.


Un apoyo bíblico clave para esta postura se encuentra en Éxodo 20:11, donde se afirma que Dios creó los cielos, la tierra y todo lo que hay en ellos en seis días, y que en el séptimo día descansó. Este pasaje vincula directamente la semana de la creación con la semana laboral humana, lo que sugiere que ambos comparten la misma duración. De esta manera, el mandamiento del descanso sabático se basa en un modelo literal establecido por Dios en la creación.


Desde esta perspectiva literal, otros pasajes de Génesis también se entienden como hechos históricos reales. Por ejemplo, la formación de la mujer a partir de una costilla del hombre no se interpreta de forma simbólica, sino como un acto intencional de Dios con un profundo significado teológico. La mujer fue creada del costado de Adán, no de su cabeza para dominarlo, ni de sus pies para ser sometida, sino de su costado para ser su igual; de debajo de su brazo para ser protegida y cerca de su corazón para ser amada. Esta imagen resalta la igualdad, dignidad y complementariedad entre el hombre y la mujer dentro del diseño original de Dios.


Complicaciones:

• Una de las mayores dificultades es la aparente tensión entre una creación en seis días literales y los datos científicos actuales, que indican una antigüedad muy grande del universo y de la Tierra. Esto incluye la datación geológica, la edad de las estrellas y los procesos biológicos que parecen requerir largos periodos de tiempo.

• En Génesis, el sol y la luna aparecen en el cuarto día, mientras que ya existen ciclos de “tarde y mañana” en los primeros tres días. Esto plantea la pregunta de cómo se medía un día literal de 24 horas sin el sol, lo cual algunos consideran problemático para una lectura estrictamente literal.

• Aunque esta postura afirma que “yom” significa un día normal, el término hebreo puede tener significados más amplios en otros pasajes bíblicos. Esto abre la discusión sobre si el uso en Génesis debe entenderse de forma estrictamente literal o si permite una interpretación más flexible.

• A diferencia de los seis días anteriores, el séptimo día no incluye la fórmula “y fue la tarde y la mañana”. Algunos intérpretes ven esto como una indicación de que el descanso de Dios podría ser continuo o indefinido, lo cual dificulta la idea de que todos los días sean idénticos en duración.

• Desde una lectura literal, algunos procesos —como la formación de ecosistemas completos, el crecimiento de la vegetación o la diversidad de especies— ocurren en un tiempo extremadamente corto. Para algunos, esto requiere aceptar una intervención sobrenatural intensiva, lo cual, aunque posible teológicamente, genera preguntas interpretativas.

• Algunos señalan aparentes diferencias en el orden de los eventos entre Génesis 1 y Génesis 2. Aunque los defensores del día literal suelen explicarlo como una ampliación temática, sigue siendo un punto debatido por los críticos.



Cosas en común entre las distintas teorías de la creación

A pesar de las diferencias interpretativas entre las distintas posturas sobre los días de la creación (días literales, días largos, marco literario, días analógicos, entre otras), todas comparten afirmaciones teológicas fundamentales que forman el núcleo de la doctrina bíblica de la creación. Estas coincidencias muestran que el debate se centra principalmente en el “cómo” y el “cuánto tiempo”, pero no en el “quién” ni el “origen último” de la creación.


1. La creación fue hecha de la nada (ex nihilo)

Todas las teorías coinciden en que Dios creó el universo de la nada, sin depender de materia preexistente. Esta doctrina, conocida como creación ex nihilo, afirma que todo lo que existe tiene su origen en la voluntad soberana de Dios. El universo no es eterno ni autónomo, sino que depende completamente del acto creador divino. Esta verdad resalta el poder absoluto de Dios y su total independencia de la creación.


2. La creación fue realizada por el fiat divino (por la palabra de Dios)

Las distintas posturas también concuerdan en que Dios creó todas las cosas por medio de su palabra, mediante un mandato soberano. La creación ocurre por el fiat divino, es decir, Dios habla y lo creado llega a existir. Esto es afirmado claramente en 2 Pedro 3:5, donde se declara que los cielos y la tierra fueron formados “por la palabra de Dios”. Este énfasis subraya que la creación no es resultado del azar, sino de un acto consciente, intencional y autoritativo de Dios.


3. Dios creó todo con sabiduría y orden

Otra convicción compartida es que la creación no fue caótica ni arbitraria, sino que fue realizada con sabiduría, orden y propósito. Pasajes como Job 38:1–7 muestran a Dios estableciendo los fundamentos del mundo con precisión y autoridad, mientras que Proverbios 8:22–31 presenta la sabiduría divina como activa y presente en el acto creador. Esto indica que la creación refleja el carácter de Dios: inteligente, ordenado y bueno. Cada elemento del universo cumple una función dentro del diseño divino.





Adán y Eva, creación y Apocalipsis


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